jueves, 18 de julio de 2013

Los temas tabúes de la visita del Rey de España a Marruecos

Por:  16 de julio de 2013

La delimitación de aguas entre ambos países y las fronteras traumáticas de Ceuta y Melilla no figuran en la agenda de la visita

Por mucho que se esfuercen en demostrar lo contrario las autoridades españolas, la relación con Marruecos no acaba de ser del todo normal. Ni con la visita de trabajo del Rey de España a Marruecos, de lunes a jueves de esta semana, acabará de normalizarse. 
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Un miembro de las fuerzas auxiliares marroquíes pone orden de madrugada, blandiendo una porra, entre los porteadores que esperan para acceder a Melilla en la frontera de Beni Enzar en 2009.
Abundan los ejemplos de esa relación atípica. Uno de ellos es que hay nueve casos de delimitación marítima pendientes de resolver empezando por el de la fachada Atlántica, entre Canarias y la costa marroquí. Las conversaciones iniciadas hace más de 15 años no han dado resultado alguno. ¿Es imaginable un problema similar con Francia o Portugal? No. Marruecos tampoco reconoce aguas territoriales a Ceuta y Melilla.
   Por la frontera de Ceuta pueden cruzar legalmente las personas, pero no las mercancías. A diferencia de lo que sucede en Melilla, todos los productos que se exportan desde allí a Marruecos son de contrabando. Entre Ceuta y Marruecos no hay una aduana comercial. La Asamblea de Ceuta la reivindica, pero el Gobierno español ni siquiera ha solicitado a Rabat la apertura de una negociación para equiparar a esta ciudad con Melilla. ¿Es imaginable que las mercancías no puedan ser exportadas legalmente por tierra de España a Francia, Portugal, Andorra o incluso Gibraltar? No.
    Aunque están previstas mejoras, sobre todo del lado marroquí, las fronteras de Ceuta y Melilla, las más transitadas de África, son también un auténtico Vía crucis para aquellos que las cruzan a diario. Pueden tardar horas en hacerlo. Las que peor lo pasan por los pesados fardos que trasladan, por las largas colas y el maltrato que soportan son las miles de porteadoras marroquíes que trasladan mercancías de contrabando de ambas ciudades a Marruecos.
   Hace cuatro años, en mayo de 2009, murieron asfixiadas dos porteadoras en Ceuta y un poco antes falleció otra en Melilla. Desde entonces no hubo más víctimas mortales, pero sí hubo mujeres heridas y otras muchas maltratadas. ¿Es imaginable que en los días veraniegos de mucho tránsito mueran o caigan heridos viajeros europeos en la frontera de La Junquera con Francia o en la Tuy con Portugal? No. ¿Es imaginable que algunos de los que pasan por la frontera terrestre más transitada del mundo, la de San Isidro entre San Diego (EE UU) y Tijuana (México), resulten lesionados? No.
   De todo esto, y del Sáhara Occidental, la delegación ministerial española que acompaña a Don Juan Carlos no hablará con sus homólogos marroquíes. Son problemas aparcados, pero que algún día pueden brotar con fuerza. En lo concerniente al Sáhara los diplomáticos españoles justifican su omisión porque está en manos de la ONU. Las aguas o Ceuta son, sin embargo, contenciosos exclusivamente bilaterales.
   En Rabat hablarán de economía, de comercio y de inversiones. La crisis que azota a España ha hecho que el Gobierno del Partido Popular mire con otros ojos al vecino del sur convertido ahora en el segundo socio comercial fuera de la Unión  Europea, justo detrás de EE UU. En el ámbito económico todo va viento en popa excepto las inversiones españolas. Son escasas, comparadas con las de Francia, y las protagonizan las pymes. Mientras que casi todas las empresas del CAC 40 (índice bursátil de la bolsa de París) tienen negocios en Marruecos, las del IBEX 35 están en su mayoría ausentes o han reducido su presencia. Telefónica, que controló la segunda compañía de telefonía móvil, se retiró en 2009.
   Don Juan Carlos se hizo acompañar a Marruecos por 27 grandes empresarios y de tres ministros del área económica que participaran en un foro con sus homólogos marroquíes. Uno de sus objetivos es lograr que el país sea más permeable a las multinacionales españolas. Ese es el único problema pendiente con Marruecos que, tras la visita del Rey, puede quedar encarrilado.
   Los demás seguirán sin resolverle durante esta luna de miel económica que viven los dos países. Tampoco se intentaron solucionar durante la primera gran luna de miel bilateral, más bien político, en los tres primeros años de Gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero.
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